¿Y cómo empezó todo?

Todo empieza con el número 7 de por medio. ¿Quién me lo iba a decir? Yo siempre he creído en el destino, bueno, en el destino o en algo que nos lleva por un camino, como si ciertas cosas en nuestra vida estuvieran ya escritas y aunque escogiéramos distintos caminos, siempre acabásemos en el mismo punto.

Mi chico y yo nos conocimos un 7 de junio. Hacía poco tiempo nos habíamos mudado en paralelo al mismo barrio pero nuestros destinos, que ya estaban ahí rondando, no se habían cruzado todavía. Aquel domingo yo estaba durmiendo, era tarde, había salido de fiesta la noche anterior. Mi padre, un experto en despertares cojoneros, me levantó pronto porque era día de elecciones y quería que fuese con él y mi madre a votar, podéis imaginaros mi cara de estupefacción… sólo logró convencerme cuando me dijo que luego iríamos a tomarnos el aperitivo y me invitaba a una cervecita. Me duché, me puse lo primero que pillé del armario, literal, y allá que fuimos al colegio.

En la mesa de votación había un chico muy simpático y guapete que se puso a hablar conmigo, me puse roja, voté y me fui; mi madre me dijo que a ese chico le había gustado, pero yo no le di importancia porque con las pintas que llevaba no creía que se hubiera fijado en mí.

No sabía que ese momento iba a cambiar mi vida para siempre.

Después de todo el día para arriba y para abajo, por la tarde noche me conecté en el ordenador y tenía un mensaje de aquel chico de la mesa de votación en una red social ya extinta; le había gustado y quería conocerme, ¿en serio? Hacía unos 6 meses que lo había dejado con mi anterior pareja y en ese tiempo no había tenido ningunas ganas de entablar ningún tipo de relación con los hombres, estaba en modo amigas y diversión, pero me picó el gusanillo y acepté su solicitud.

Estuvimos toooooda la noche hablando por messenger y resulta que él ya se había fijado en mí antes, me había visto de lejos en mi cochecito de antaño y ya le había llamado la atención; coincidía conmigo en la parada de metro donde aparcábamos el coche y hasta había pensado en dejarme una nota en el parabrisas. A mí me quedaban dos opciones, o era un acosador o un cúmulo de casualidades lo había puesto en mi camino.

Opté por la segunda opción y acerté, ¡vaya si acerté! No nos hemos separado prácticamente ningún día desde aquel 7 de junio y no es de extrañar que 7 años después llegara lo más bonito de nuestras vidas, Rocío.

Pero nuestra historia con el número 7 no termina aquí, continuará…

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